Friday, March 16, 2012

El otro día me fui a cenar a un restaurancito medio guapetón. No era la súper mamada, pero en comparación con los lugares a los que suelo ir (tacos), estaba tantito más fancy. Vaya, había servilletas de tela.

Había quedado de salir con una chava ese día, un viernes si mal no recuerdo. Después de que se puso medio sangronsona le dije que pues tirara a león, mejor íbamos a cenar otro día y ya. Medio se molestó, pero terminó diciendo que “pues va”. No la volví a buscar. Si se supone que el chiste de andar soltero sin buscar una relación es no tener esa clase de complicaciones y estar en un ambiente más “tranquilón”, pues qué fastidio andar tras gente que simplemente no puede superarse a si misma. 

Regias.

Total, decidí ir a cenar de todas formas, supuse que igual ya había planeado el gasto y, al ir yo solo, podía alocarme más y pedir cosas más mamonas. Llegué al lugar saliendo del trabajo y noté, después de un rato de fingir que leía mi libro de Survivor y andar de calzonudo con la conversación de los de al lado, que había otros cuatro vatos del infamísimo gremio de Tecnologías de Información al que pertenezco. Aunque ellos parecían distar mucho de ser como yo.

Platicaban de la chamba que traían ahorita, pareciendo que todos se especializaban en el lado de instalación de cableado estructurado para redes. Hablaban de switches y routers y la madre. Nada del otro mundo.

Lo que realmente empezó a asquearme fue la agenda principal de su conversación, escondida detrás de anécdotas de aviones perdidos y clientes problemáticos. El objetivo principal de la plática, dado que parecían no haberse visto en mucho tiempo, era que cada uno presumiera exactamente a dónde le ha tocado viajar por el trabajo, haciendo especial hincapié en los lugares fresas que visitaron cuando estuvieron en esas ciudades. Como si fuera un concurso de ver a quién le ha ido mejor después de 1 año sin verse. Como si eso realmente fuera importante en una cena entre amigos.

Veo ese tipo de situaciones en esos restaurantitos fresas y no puedo evitar aterrarme un poco de la mera posibilidad de que, en unos 15 años, yo pudiera terminar como uno de ellos. Tan enfocado en hacerle ver a los demás que me ha ido con madre y que a ellos, pues no. Dándole tanto valor a la mera idea de que “te haya ido con madre”. Dejando que eso me defina.

Por ellos

Había hecho este blog como un lugar de reunión de todo lo que no sé dónde más poner. La tirada de All you need claramente es de escritos y frasesitas ficcionezcas mías, 100%, sin andar rebloggeando ni poniendo cosas de nadie más. No entra en el formato de ese blog andar contando lo que me pasó en el día o el número de ardillas negras (3) que vi rumbo a mi trabajo.

Tampoco entraba en el concepto que quiero manejar en You Pretentious You, que es básicamente yo siendo pretenicioso poniendo quotes de libros y películas. Así que bueno, se crea un tercer blog para todo lo demás.

El nombre lo dedico como una especie de homenaje a un bloggero 2007ero, si mal no recuerdo es el bloggero que decía que los hombres debían amar las sardinas por su parecido al olor sexual de una mujer, y también contaba cómo él desde chico se hizo amante de las sardinas por haber sido partícipe de un vaciado de techo en la ampliación de su casa que, según explicaba, es un evento importante en toda construcción, y por lo general se acostumbra que después de haber vaciado exitosamente el techo, el patrón se dispara las caguamas y, en su caso, las tortas de sardina en tomate.

Tortas que compartió con el resto de los albañiles y el maistro, mientras él tomaba barrilito de ponche, porque estaba muy chavito pa andar caguameando.

No sé qué fue de él. No sé qué fue de muchos bloggeros de esa época, como él, como Mi Prozac (que era el que nos compartió la guía de cómo escribir un libro como Paulo Coelho). Supongo que crecieron y empezaron a quedarse fuera de todos los cambios en estas ondas de ser el WeyDeAPie el que crea el contenido de los internets. Probablemente tengan alguna cuenta de tuiter de la que muy poca gente sepa y tuitean lo que están comiendo y cuando el chicharito anota un gol.

Él fue el que me inicio en la lectura de Pérez Reverte. Solía platicar en su blog que la tierra tembló cuando don Pérez puso el punto final en el libro de La Reina del Sur. Siempre he pensado que, de algún día dejarme de mamadas (que la veo difícil) y conseguirme una familia e hijos y demás, los libros de Alatriste serían las primeras historias que les contaría a mis chamacos antes de dormir, omitiendo tal vez ciertos detalles sexososones, intentando transmitirles en mi platicada y en mis ademanes la amargura de ser español que Pérez Reverte se esmera tanto en dejar bien puesta en cada página. Contarles las estocadas del capitán, los pardieces, y los “No queda sino batirnos” de Francisco de Quevedo. Tal vez todo esto con la esperanza de que aprendan un poco sobre la importancia tener palabra, o sobre lo difícil que es realmente ganarse la vida.

Así que bueno, empieza nuevo blog blog, personal, journalezco, de venir a contar las mamadas que no me dan ganas de platicarle en persona a otra gente, probablemente porque dudo les interesen, o suenen la mitad de coherentes al estarlas hablando en lugar de escribiendo. Va por ellos.

(No ando de humor para ponerle formato bonito, tal vez deje eso para otro día)

Wednesday, February 22, 2012
prettybooks:

(Is it Dystopia? by embowman.com)

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